Life on Mars
Este es un artículo destinado casi íntegramente a una sola persona. Es decir, una audiencia muy superior a la habitual...
Para los demás, algunos ya saben que sigo con interés el blog que escribe uno de mis ya ex-alumnos. A pesar de que hable de sus compañeros en clave (y no así de sus profes), lo he seguido con interés, no solo voyeurístico (que también), sino literario. Me gusta cómo escribe su autor. Eso es algo que ya escribí en su momento, pero era en un rincón oculto de otro blog, así que ahora lo digo en voz muy alta: este tío vale.
Pero ahora resulta que me ha citado en cuatro entradas consecutivas (aunque aparecidas en la red tiempo después de que empezaran a escribirse). Con todas las letras. Pidiendo mi opinión. Hablando incluso bien de mí.
Con lo que solo tenía dos opciones: escribir un comentario en cada entrada, o escribir mi propio texto al respecto. Como comprenderán... he hecho ambas cosas.
[Actualización 18/07: Cuando tenía este post a medio escribir y encarrilado, va el muy 善良な男 y se marca esto. Y encima lo fecha el 24 de junio, para que parezca que se le ocurrió antes. Si es que...]
Así que Miguel Ángel, con todas las letras, va por usted.
No es fácil ser a la vez el que eres, el que quieres ser y el que quieren que seas. No es sencillo soportar a la vez lo que tus padres desean para ti, lo que tus amigos esperan que hagas, lo que tus profesores creen que puedes lograr. En fin, que no es fácil tener 17 años.
Y sin embargo vas tú y lo haces. Con la misma elegancia con la que resuelves un problema de física, con el mismo estilo con que anotas desde 5 metros, nos cuentas a todos lo que te pasa por la cabeza o por esa otra víscera sobrevalorada.
Hay alumnos con los que he tenido mucha confianza. Gente que me encuentra por los pasillos y me cuenta un chiste, gente con la que paso horas "arreglando el mundo", gente (caviar de Riofrío), que pasa sus ratos libres discutiendo de física conmigo. Tú y yo hemos hablado poco, casi nunca fuera de clase. Y sin embargo ha habido un vínculo de confianza... ¿o fue más bien un hipervínculo?
Nos hemos leído en vez de habernos reído, hemos blogueado y no hemos charlado. He sido testigo de tus textos, he admirado tu vena literaria, he sido consciente de mi edad al no conocer casi ninguna de las canciones que seleccionabas, me he devanado los sesos para descifrar los criptogramas con los que te refieres a tus compañeros de curso. Te he visto pasar del cabreo y la desesperación a saborear las dulces uvas de la Ira.
Y sé que te irá bien. Sé que, a pesar de los palos, de las desilusiones, de los fracasos, cumplirás tus sueños. Venía en el periódico de hoy una entrevista con un famoso neurobiólogo (así alegramos a tu padre de paso), y decía lo siguiente:
Según mi filosofía, uno debiera tener sueños imposibles sólo si supone que los va a transformar en posibles. Dedicarse a sueños imposibles que uno sabe que no son realizables es perder el tiempo.Creo que solo te falta tener claros esos sueños para poder empezarlos a cumplir. Te seguiré leyendo, y desde la distancia esperaré que escribas. Me gustará saber los pasos que vas dando, el camino al andar que vas haciendo. Y así mantendré un puente tendido con esas aulas y esos compañeros.
Ha sido un honor darte clases, aunque fuera poco tiempo. Es un placer tenerte como corresponsal. Nos seguimos debiendo tomarnos algo. Hasta pronto.
(La imagen de hoy es un fragmento, que al pincharla abre un fragmento algo mayor, del homenaje-parodia de estos muchachos. Miguel Ángel anda camuflado por ahí bajo varios brochazos de Photoshop. Hubiera querido reproducir el póster completo, pero con la cámara no hubo manera y esto es todo lo que entra en el scanner...)
11:39 | Plato del día: pescado de Red, sopa de letras | 2 cucharadas
Reencuentros. Despedidas
El mar. El olor a salitre mientras el coche enfila el Paseo Marítimo. La humedad que te pega la camiseta a la piel. La aterradora rampa del garaje.
12:54 | Plato del día: comida de aeropuerto, croquetas caseras, sopa de letras | 2 cucharadas
Una primera despedida
Tengo la sensación de que, desde que anuncié que cambiaba de trabajo, llevo semanas despidiéndome. Algunas de esas despedidas son algo más formales, y aquí intentaré llevar algunas de ellas.
La primera es un scoop, así que espero que Óscar no se enfade por publicarlo aquí antes de que su panfleto, manifiesto o revista vea la luz. Esto es lo que ocurre cuando a un profe medio depre le piden un artículo.
Tres listas de nombres
Ese día iba a cambiar mi mundo. Empezaba un nuevo trabajo en una nueva ciudad, en un idioma que no era el mío, con unos alumnos cuyas circunstancias personales eran muy distintas a las mías.
Y llegué a un aula, y pasé lista. Y descubrí que para ellos también cambiaba el mundo, y también era una nueva etapa, en un nuevo edificio, en un ambiente que no era el suyo. Montones de caras, de profesores, de normas, de aulas. Sobredosis de información para unos chicos de 11 años a los que todo les quedaba un poco grande.
Ese día cambió el mundo. Ese día era el 11 de septiembre de 2001.
La lista de nombres parece una letanía. Uno tras otro suben al escenario, recogen su diploma, sonríen para la foto, vuelven a su asiento. Sería fácil caer en la monotonía, pero para el observador muchos de esos nombres encierran una historia, y de casi todos tiene algún recuerdo que le hace sonreír. Esos pies que no llegaban al suelo desde la silla del aula de Informática. Ese experimento que salió horrorosamente mal. El canto nupcial de una ballena macho. Los chistes malos en clase de Física. Ese vídeo para un anuncio publicitario. Tantos y tantos conciertos. Las charlas en el pasillo sobre lo divino, y especialmente sobre lo humano. Las veces que tuvo que contestar “no lo sé” a las preguntas de alguna alumna. Ese brindis a las 3 de la mañana.
El observador sabe de los sueños y las ilusiones de muchos de esos nombres. En algunos casos sabe lo que les ha costado llegar hasta allí. Quizá lo único que lamenta es que no estén todos los nombres. No; de hecho, lo que lamenta es saber que no volverá a oír muchos de esos nombres. A menos que…
Cuando llegues al fondo de esa estantería, no tendrás ni idea de cuánto tiempo lleva ahí esa carpeta. No recordarás por qué no la tiraste la última vez que te cambiaste de casa, ni por qué sigues conservando papeles de un tiempo tan lejano. Con un poco de suerte, la tinta seguirá siendo legible. “Graduation Ceremony, May 2008”. Y volverás a leer esa lista; y sin saber por qué, irás a tu ordenador (o lo que sea que uses entonces para buscar información), e introducirás algún nombre al azar. Y entonces, quizás descubras pedazos de esa historia de la que te desconectaste tantos años atrás. Quiénes son ahora ricos y famosos, quiénes triunfan en el deporte o las artes. Te llevarás sorpresas, alegrías; y verás fotos que tu memoria intentará sin éxito conectar con las caras que viste. Seguramente ellos tampoco reconozcan tu cara… ¿ni tu nombre? Pero mientras vuelves a guardar la carpeta y decides que esta vez tampoco la vas a tirar, volverás a sonreír mientras piensas que una vez, cuando todo era posible para ellos, intentaste ayudarles a dar un pasito más. Y sabrás que todo lo de antes valió la pena.
Y volverás a pensar, como aquel día de mayo, en aquella vieja canción: “May you stay forever young”…
15:34 | Plato del día: sopa de letras | 1 cucharadas